“Tú disfrutas, ella no”

             Así reza en carteles rojos que jalonan la carretera de Barcelona a Casteldefels a su paso por Gavà. En los caminos laterales esperan unas veinte mujeres sentadas en sus sillas de playa bajo los avisos que dicen: “Tú disfrutas, ella no, la trata de personas y la prostitución son un atentado contra los derechos humanos. No seas cómplice”. Es un paso importante que una administración municipal se posicione tan abiertamente en la pedagogía antimachista,  tal vez a base de machacar en la idea de la cosificación de la mujer a algún indolente usuario se le despierte el gusanillo de la conciencia y se pare a pensar que lo que compra es el uso de un cuerpo humano que se contamina y sufre. O tal vez afectado por la acusación de cómplice deje de mercadear. De hecho, si nos quedamos solo con la primera frase, “Tú disfrutas, ella no”, los machistas lo tienen asimilado incluso en el seno de la pareja como un derecho propio y exigible, privilegio del macho que la compañera tiene el deber de soportar, consigna heredada de aquél “débito conyugal” en el que los curas adiestraban a la mujeres en la tenebrosidad del confesonario, violaciones constantes en y a causa del matrimonio.

     Ante el resurgimiento y la exaltación de un machismo violento, véase tocamientos en los sanfermines, leyendas de camisetas universitarias, estadísticas de acoso entre adolescentes, se requiere una respuesta contundente suscrita por hombres decentes amantes de la justicia y respetuosos con otros seres humanos, valientes que se impliquen y se posicionen públicamente, porque el machismo no lo representan individuos aislados, ni puteros, ni maltratadores, ni asesinos, lo mantienen todos aquellos que callan, esa mayoría de hombres agazapada y silente que no se pronuncia. La pelota de acabar con el machismo está en el tejado de quienes lo ejercen, los hombres, solo ellos pueden exterminarlo modificando sus conductas y señalando con el dedo a los renuentes.

«Diario Palentino, 13 de agosto de 2017»

 

Es que son putas…

codigobarras--644x362“Un causa penal contra proxenetas vegeta seis años en la mesa del juez”

            En 2010 dos registros realizados en un club de alterne de Cabezón de la Sal la policía topa con una red de traficantes de mujeres procedentes del Este europeo para ser destinadas a la prostitución. Una de ellas, rusa, presenta denuncia y se abre un proceso penal contra los responsables. Acreditados los hechos y realizadas las pruebas el fiscal califica y pide penas que suman 81 años de prisión y una indemnización de 20.000 euros para la víctima denunciante.

            No se sabe qué pasa pero el procedimiento permanece paralizado durante seis años en un ignoto agujero negro sobre las mesas del juzgado. Cuando se decide terminar la causa los delincuentes apelan a la atenuante de dilaciones indebidas acogiéndose al derecho a que los órganos judiciales resuelvan y hagan ejecutar lo resuelto en un plazo razonable. Controvertida atenuante que pretende proteger a los órganos judiciales de las irresponsabilidades de sus desidias y negligencias y proteger al reo de la llamada pena de banquillo, por el sufrimiento que padece ante la incertidumbre de lo que será de su vida cuando se dicte sentencia. Pero lo que puede ser razonable para el acusado de robo o el simple homicida no debiera aplicarse al terrorismo machista del indolente proxeneta que mientras espera la sentencia se ríe, se burla y sigue ejerciendo.

          Argumentar como justificación del retraso el atasco en los juzgados por la falta de medios, cuándo estamos hablando de sufrimiento humano, no deja ser una simplificación patética e inadmisible. El artículo 24 de la Constitución, que consagra el derecho a un proceso público sin dilaciones indebidas, también es para la víctima, pero ésta tendrá que presentar una compleja reclamación reducida a dinero ante el Estado, mientras los funcionarios causantes de los retrasos se van de rositas y duermen plácidamente sin afectarse por los dolores que causan su dejadez y la falta de diligencia debida de todo servidor público.

        La denunciante era mujer, puta y rusa, parece decir la negociación del fiscal con los seis proxenetas, les rebaja la pena inicial de 81 a 10 años de prisión entre todos y la indemnización a la víctima de 20.000 a 6.000 euros por daños morales. Han ganado la negligencia judicial y la perversión del sistema. Ha perdido la víctima, como siempre, mujer, aislada, sin idioma de comunicación, intimidada, sometida a la prostitución y ahora perseguida por chivata.

«Diario Palentino, 15/05/2016»