Jun 13

Ni loco ni monstruo

            Tomás Gimeno es pura y simplemente un delincuente psicópata que disfruta haciendo daño. Hay quien aún está buscando posibles causas precedentes en la vida anterior de su matrimonio con la madre de las niñas, sus propias hijas asesinadas. O lo que es lo mismo, hay quien aún pretende buscar una justificación a tan atroz venganza y de paso deja revictimizada a una de las víctimas. Solo les falta decir: ¡Qué le habrá hecho para que responda así! Ese sigue siendo el punto de vista machuno. Hemos aprendido lo que significa violencia vicaria, la más cruel e indescriptible violencia machista contra las mujeres, golpearlas donde más les duele, la prole. Desde 2013 cuarenta niños y niñas han sido asesinados por sus padres para hacer daño a sus madres.

              El repugnante padre de Anna y Olivia preparó con todo detalle la forma de asesinarlas, incluso disfrutaría imaginando el dolor insoportable que condenaría de por vida al manicomio a la madre de las pequeñas. ¿Qué mente puede hacer tan meticulosos preparativos para quitar la vida a sus amorosas niñas? La de un psicópata narcisista que no puede soportar que le lleven la contraria y que una mujer se rebele, le abandone y contraríe su capricho. ¡Aquí mando yo! Es el mensaje transmitido. Yo te puedo ser infiel, y te aguantas, tú no tienes derecho a ser feliz ni a rehacer tu vida sin mí (tú y tus hijas sois de mi propiedad, como la casa, como los muebles, como mi barco). Es la cúspide del machismo en grado extremo. Matar a sus preciosas hijas y condenar a la más horrible de las peores muertes en vida a la mujer que le amó, la que compartió con él sus ilusiones y esperanzas, cada día, durante años. La que siguió creyendo en él desde el primer minuto de su desaparición, y en que era un buen padre que las estaba cuidando bien. Es el machismo, amigos. Empiecen a estudiar por ahí.

Diario Palentino, 13 de junio de 2021.

Mar 08

La carga mental

           Llega otro 8 de marzo y volvemos la vista al avance producido en las condiciones de vida de las mujeres. Volvemos a observar la diferencias salariales entre nosotras y ellos por los mismo trabajos o como son ninguneadas mujeres valiosas, como las científicas. De nuevo comprobamos que es mayor el número de universitarias con expedientes de excelencia, que hay más doctoras que doctores, más juezas que jueces y, sin embargo, muchas menos rectoras de universidad, cargos en los tribunales superiores de justicia, en las direcciones hospitalarias o en empresas privadas. A mi modo de ver, dos factores resaltan entre las circunstancias que nos llevan a estar menos presentes en puestos de altura y los dos proceden de la preeminencia de los intereses masculinos. Por un lado, entre ellos los hombres se protegen y se facilitan la promoción, prefieren tener compañeros antes que compañeras y no hablemos de tener jefas, eso les supera. Están muy a gusto en su piña masculinizada porque les es más fácil tanto la convivencia como la competitividad y les crea inseguridad moverse entre mujeres en el ámbito laboral, precisamente por ese ego narcisista del que se revisten en las alturas del poder. El otro factor fundamental es la carga mental que nos coloca a las mujeres el sistema patriarcal. La familia, los hijos, la casa, que todo funcione pesa sobre nuestros hombros. Los niños llaman a mamá, aunque esté en el trabajo. De que la comida llegue a la mesa se ocupa mamá, a las reuniones de padres del cole va mamá, al médico, a comprar los libros…, y si mamá tiene la oportunidad de un importante ascenso que supone un traslado familiar o mayor dedicación, mamá renuncia, porque el trabajo de papá es sagrado y no se negocia. Es la invisible carga mental que nadie ve, que pesa como una losa, que resta dedicación y vida propia y no se valora.

Diario Palentino, 8/03/2020

Dic 09

Ultraderecha y ultracatólicos

   ¡Qué miedo! No es broma. Las mujeres debiéramos ponernos en alerta ante lo que se nos viene encima. La Iglesia católica, la de las púrpuras, la misógina, la que en nuestro país encabeza una docena de figuras como los obispos de Alcalá, Burgos, San Sebastián, Valencia y demás herederos de Rouco, que se han erigido en auténticos soldados contra la libertad e igualdad de las mujeres,  peligrosas enemigas a batir. Se refieren a nosotras como lo hacen los talibanes, esos que vemos en Afganistán imponiendo el burka porque son incapaces de contener su lujuria a la vista de los cuerpos femeninos. Esta Iglesia, la retrógrada anti-Papa Francisco, ha encontrado en VOX un brazo político que no va a desperdiciar. Teniendo a su principal valedor en HazteOir (y el Yunque), va sumando a sus huestes docenas de viejos conocidos pertenecientes a los Kikos y el Opus Dei. Menudo cóctel, si se suma el PP no falta un solo elemento para restaurar la Inquisición.

            Veamos, en conjunto, lo que tienen reservado para los ciudadanos en general y las mujeres en particular según los “principios irrenunciables” de la testosterona, a saber: La defensa de la vida: no al aborto ni a la eutanasia, pero mientras están vivos se los puede masacrar arrojando bombas sobre sus tejados, dejándolos ahogar en al océano o morir de hambre después de expoliados. Defensa de la familia normal: padre, madre e hijos, por supuesto la mujer en el hogar familiar, paridora, disponible y sumisa. Las denuncias por violencia machista, son falsas; las casi mil asesinadas en quince años no existieron. La ideología de género denigra a los hombres. Las cuotas en la listas electorales perjudican a los hombres; ya lo creo les quitan puestos. A los del colectivo LGTB, que no les pase nada. Otro día, más.

Diario Palentino, 9 de diciembre de 2018

Nov 25

Los jueces y las violadas

    Ayer Google dedicó su doodle a Charles Michèle de l’Epée, clérigo y pedagogo francés que introdujo en las escuelas públicas un sistema de signos para niños sordos. Hoy, dos siglos después, las mujeres necesitamos un benefactor de la humanidad que invente un método para enseñar a los hombres a respetar a las mujeres y a los niños en su condición de seres humanos, sean o no sus esposas, sean o no sus hijos. Lo que hace un padre a la madre de sus hijos se lo hace a éstos también. Y así va girando la rueda de la violencia y la indignidad. Con lo que vemos de pequeños se nos abren dos caminos, o la imitación, porque así era mi padre yo maltrato, o al contrario, porque maltrataba mi padre yo me dejo maltratar. Recibimos todo, lo bueno y lo malo de nuestros ancestros. Por eso están importante procurar un medio familiar, escolar y social armonioso, donde las discusiones se diriman sin voces, sin insultos, sin desvalorizaciones, sin indignidad, donde las diferencias se puedan razonar con amor, con el ánimo de comprender y ponerse en el lugar del otro, donde cada miembro desahogue sus tensiones y ansiedades de forma inteligente, no cargando de malas experiencias el álbum de la familia que heredarán también los venideros. La violencia, sea física, verbal o psicológica deja huellas en el alma y en el cuerpo, son cicatrices que nos merman la ilusión y nos hacen desconfiar. Algunos machunos arguyen que nuestro feminismo lastra las relaciones, justo los que lo dicen deben mirarse al espejo. Entre ellos, los autores de esas últimas sentencias que empoderan a los que nos llegan casi a estrangular, nos violan por el ano o en grupo, y dicen que si solo lloramos o decimos no, no es suficiente, tenemos que defendernos con violencia. Podemos imaginar que habrán vivido o estarán viviendo esos jueces en sus vidas.

Diario Palentino, 25 de noviembre de 2018

 

Sep 08

Todo importa en el dolor

       En el trato humano cualquier gesto importa. La xenofobia, la desigualdad, el desprecio y la desvalorización comienzan por pequeños gestos no corregidos que con el paso del tiempo quedan integrados en las sociedades que los asimilan y consideran tradiciones a proteger. Auténticas aberraciones lesivas hasta de la integridad física de seres vulnerables. Léase la circuncisión ritual de los prepúberes en la religión judía, cuya responsabilidad es del padre y de la comunidad, como señal de pacto con Dios y perfección final de la creación divina con un acto humano. La prueba de virginidad en las bodas gitanas, una experta desvirga con los dedos a la novia en la casa de la familia del novio y muestra al público el pañuelo con la sangre. Lo más cruel es la ablación de los genitales en las niñas, a veces tan salvaje que parece una sádica venganza. Por qué los hombres tienen que cebarse en los centros de reproducción y placer de los seres humanos indefensos, niños, niñas y mujeres, Por qué ese atavismo inexplicable. La inmigración africana nos lo pone más cerca. En España hay unas 18.000 niñas en riesgo, de ellas un tercio viven en Cataluña, donde solo en el año 2017 se intervinieron 132 casos en aplicación de protocolo de detección creado por la Generalitat y que viene funcionando desde hace diez años mediante los servicios sociales, educativos y sanitarios con la ayuda de los Mossos. Formación e información a las familias, retirada del pasaporte en caso de indicios, revisiones pediátricas antes y después del viaje familiar al país de origen, pero a pesar de ello la tradición se cuela como el agua en una cesta. Niñas nacidas en España obligadas a casarse a los diez años y traspasadas a la familia del novio. La lucha de las mujeres es de frontera.

Diario Palentino, 8 de septiembre de 2018