Ago 03

Palencia triste

375px-Procesión_de_los_pasos“Más que tristes somos intolerantes, provincianos y muy cotillas” (me incluyo)

            Hace unos días en este mismo medio se publicaba una encuesta que señalaba a Soria, Palencia y Teruel como las ciudades más tristes de España. ¡Olé! Y nos tachaban de ser poco cercanos hacia los visitantes. ¡Pues bien!

            Hay quien se ha ofendido mucho antes de sentarse a reflexionar un poquito. La conclusión no nos tenía que pillar desprevenidos, sobre todo desde que las calles de la ciudad están repletas de maduritos para arriba, pocos jóvenes, y niños con cuentagotas. ¿Quién no tiene hijos, sobrinos, nietos, amigos o vecinos que tengan a sus hijos lejos, o muy lejos trabajando o buscándose la vida?

            Pues sí, Palencia es una ciudad triste y recelosa porque no tiene relevo generacional, porque los jóvenes se tienen que marchar, porque las parejas no se pueden casar ni comprarse un piso para vivir y procrear, porque las pocas empresas que dan empleo cierran, porque la noche palentina es patética, solo algunos esforzados, tenaces y admirables hosteleros inventan y reinventan para llenar sus locales y sus terrazas los fines de semana. En los pueblos los alcaldes hiperactivos llenan el mes de agosto de eventos para atraer a los veraneantes. Está muy bien, pero dura lo que dura la fiesta y el verano. Algo es algo.

            Cómo no va a ser triste Palencia si se muere poco a poco. Por cada diez fallecidos, nacen siete. El censo electoral del INE canta por sí mismo. En la últimas elecciones nacionales, noviembre de 2011, éramos 142.186 electores en la provincia; en las reciente europeas el censo era de 138.714, es decir en menos de dos años Palencia ha perdido 3.472 electores, de los que 1.185 corresponden a la capital. ¿Quién dice que esto no es triste?

            Los pocos jóvenes que tienen la valentía, la osadía o la cobardía, que de todo hay, de quedarse a subvivir en esta ciudad pagan una persecución que no existía en quienes hemos pasado aquí nuestros mejores años de rebeldía. No recuerdo a la policía pisándonos los talones por sacar las cervezas a la calle ni por ir a merendar a la Fuente de la Salud o a la fuente del Rey en bicicleta. La verdad es que ser joven hoy en Palencia, es muy, muy triste.

«Diario Palentino, 03/08/2014»