Dic 17

Familia y amigos

            Es lo que toca en estas fechas, ilusiones, quejidos, consumo y paciencia, un poco de cada. Hacemos unas cosas con gusto y otras a regañadientes. Algunas familias respetan la tradición aunque les cueste la salud, es más cómodo que rebelarse y dar explicaciones. Vamos a jugar a que todos nos llevamos bien, los cotilleos en la cocina, por favor, contención en la bebida que luego pasa lo que pasa, prohibidas las alusiones molestas, a los abuelos que no les falte de nada. Al pie del árbol regalos, muchos regalos, a lo loco, y cuanto más caros menos amor, hay que camuflarse. Decorar la casa, poner las luces, qué bonito, entrañable, unos villancicos de fondo, algunos momentos perfectos, suspiros. Entre col y col, lechuga.

            También tiempo de encontrarse con los amigos en la diáspora, unas horas para compartir, comiendo, por supuesto. Los amigos se eligen, la familia no, pero, aún así no siempre se acierta. Últimamente los psicólogos hablan mucho de compañías tóxicas, sean parientes, amigos, vecinos o gente del trabajo y apuntan la necesidad imperiosa de tratarse este veneno para que no acabe reflejándose en el cuerpo con una enfermedad, porque el cuerpo nunca miente, solo que no lo escuchamos a tiempo, hasta que nos grita. Si junto a una persona algo se te revuelve dentro, no sabes que pasa pero te incomoda su presencia, o sus palabras o su sola visión, escucha tu cuerpo y decide, tienes las tres opciones que la naturaleza da a cualquier ser vivo: huida, lucha o aceptación consciente, si es un tigre de bengala lo tienes difícil en cualquier caso. Para los humanos existe otra salida más, contarlo. Cuéntalo, habla de ello, no te lo tragues, no hay antídoto, te lo dice una experta. Felices fiestas.