Oct 23

Miguel: “En mi país es así”


inmigrantes
“La toma de conciencia es el camino más arduo”

            Miguel, treinta y cinco años, boliviano, nació en Sucre, la capital. Así se presenta. Llegó a España hace diez años acompañado de su mujer y dejando dos casi bebés al cuidado de los abuelos. “Había que buscarse la vida, éramos muchos y mi padre era pobre”. Pensaba hacer las españas y volver enseguida, pero llegaron la crisis y otras dificultades. Él, fue padre a los veinte y su mujer a los catorce. “Así es en mí país”. Ella ya tiene nacionalidad española y hace un año consiguió agrupar a sus hijos, dos adolescentes a integrar en un mundo nuevo. La hija, treceañera, dejó allá a su novio, con el que quería casarse. Pero, Miguel, cómo se va a casar tan joven, me mira, “en mi país es así”. La niña no se adapta y quiere volver con los abuelos-padres que la han criado, con sus amigas, con su amor, y seguir yendo a su colegio donde no la obligan a estudiar en catalán. El mundo se le ha puesto patas arriba y llora, discute con su madre; la psicóloga escolar diagnostica crisis adaptativa, hay que apoyarla y tener paciencia, todo pasará. Miguel habla tranquilo, en su país no hay estrés, se disfruta haciendo las cosas, en su barrio cada uno se hace su casa, los materiales son caros pero la mano de obra barata, es la propia, todos saben de paleta, fontanería y electricidad, poco a poco la casa va creciendo en el solar de asentamientos humanos que les adjudica la municipalidad. Lo peor es el contrabando de la droga, lo corrompe todo, políticos y policías. La coima que pagan los traficantes vale más que muchos sueldos.

            Pero Miguel tiene un secreto, no tiene papeles, a pesar de estar diez años acá, ni acceso a la nacionalidad, tuvo una discusión con su mujer y los vecinos llamaron a la policía, le cayeron unos antecedentes penales. Jura y perjura que no la tocó. La mujer, adolescente inmigrante e indefensa le perdonó, pero “aquí no es como en mi país”, la cosa sigue… Yo soy tranquilo, no soy violento, era solo una discusión, no se explica que por tan poco le hayan pasado tantas cosas. Es que…, las mujeres cambian mucho cuando vienen aquí, se dice a sí mismo. “En mi país no es así”.  Si le hablas de igualdad en derechos y deberes, de que las mujeres y los hombres son personas y por igual merecen respeto a su dignidad, asiente con la cabeza e insiste en el argumento geográfico, ya pero…, “en mí país no es así”. 

“Diario Palentino, 23/10/2016”

Nov 10

Mientras ellos no quieran… o ¿hay que hacerlos querer?

666013_640px“La solución solo tiene un camino, la formación en familia y en la escuela”

         El feminismo de frontera siempre se ha planteado como una lucha contra…, contra el machismo, contra el patriarcado, contra una sociedad dominada por los hombres, contra toda una in-cultura discriminatoria con un origen ancestral basado en la fuerza bruta, el músculo y  la crueldad que fueron considerados las virtudes valoradas para defender la supervivencia.

        Después los poderes fácticos se han encargado de mantener este sistema de supremacía macho para controlar la economía, la procreación, los recursos humanos productivos. A quién más interesa el machismo, como cualquier otro tipo de dominación, es a los poderosos.

     Se habla, se habla,… Los jeques políticos hablan ¡Qué casualidad!, todos machos. PSOE, PP, PODEMOS, IU, Cd´s,…, hombres que hablan por boca de hombres, educados para ser machos alfa y hacerse obedecer por cualquier medio. Ellos prometen, pero sin comprometer su estatus, bonitas palabras que atusan los oídos de las mujeres, ofertas para embaucar y conseguir un voto que consideran veleidoso. Palabras que se plasman en textos legales que nunca se hacen efectivos porque nadie obliga y a nadie se sanciona.

     Explotar nuestra faceta reproductora, a la par que fuente de placer, es el fin último. Controlando la primera tienen a disposición la segunda, y demuestran su fertilidad varonil. Una mujer con hijos se convierte en un ser vulnerable que agacha la cabeza y se somete a fin de evitar males mayores a su prole. El macho, arcaico, primario y, llegado el caso, violento, se aprovecha porque así lo vio en su entorno. Porque vio a su madre aguantar, tal vez incluso, llorar, porque vio a su padre hacerse obedecer a base de gritos, castigos u otras técnicas de terror.

     La pedagogía compara a los niños con cemento fresco, cualquier huella deja en ellos efectos irreparables. En la madurez ya no hay remedio. Por eso, una y otra vez, volvemos a la escuela, a la familia, a lo que graba la mente humana “tan cuan tabula rasa” desde que nace, incluso antes. Es responsabilidad de madres no consentir, de los padres respetar, de los maestros controlar a ultranza las conductas micromachistas observadas a diario, y de los gobiernos y jueces proveer los medios y hacer cumplir las leyes, que no están de adorno…

“Diario Palentino, 08/11/2015”

Sep 23

Más impuestos a cambio de nada


La perversión del sistema: pagamos más y recibimos menos.

           Nunca nos satisfizo pagar impuestos, pero eso no es una novedad. En la leyenda evangélica San Mateo era malquerido por los ciudadanos a los que cobraba los impuestos que recaudaba para el cesar.

                La lógica de la cuestión reside en que pagar impuestos porque se tienen o heredan bienes o se obtienen buenos ingresos responde a un privilegio que cuántos quisieran.

              La pregunta es ¿para que pagamos impuestos? Todos conocemos la respuesta, a cambio de recibir de la sociedad representada por el Estado los servicios públicos que no podríamos obtener privadamente y cada uno con el dinero que aportamos. Yo con mis impuestos no me puedo pagar una sanidad ni una educación de calidad, ni carreteras, ni comunicaciones, etc., pero si lo junto en el montón de mis conciudadanos y tenemos unos buenos gestores, todos salimos ganado. Ese es el fin y el fundamento de pagar impuestos.

                  El problema es que hoy ya nada de esto es así. Cada día nos vemos obligados a pagar más por menos. Pagamos excesivos impuestos en el pan que comemos, en la ropa que vestimos, en los libros de los niños y en las medicinas que necesitamos.

           ¿Qué pasa entonces?, que este sistema con el que estábamos generalmente de acuerdo se ha degradado hasta darse la vuelta. Ahora nos quitan más de nuestros exiguos ingresos para pagar deudas acumuladas por  malversadores, derrochadores, pródigos y pésimos gestores cohabitantes de esa extraña comparsa formada por advenedizos empresarios insaciables, cajas de ahorro regentadas por los mismos, premiados con  suculentos sueldos y bajo la mirada para otro lado de la clase política o incluso inserta en el fraudulento “negocio”.

            Lo peor de todo es que nuestro Estado, al que tenemos encomendado el bienestar general, asume los desmanes privados, empresariales y financieros, y nos endeuda a todos, mientras los responsables tienen sus beneficios a buen recaudo en paraísos fiscales o debajo de la baldosa de los testaferros. Es la perversión de un sistema que ha funcionado razonablemente bien a partir de la II Guerra Mundial y que irremediablemente nos lleva a un abismo desconocido.

                 Digamos que el efecto Robín Hood se ha invertido, ahora se roba a los que menos tienen para que los ricos acumulen más. Y aún falta mucho tiempo para poder cantar con el poeta maldito que era Gabriel Celaya, “estamos tocando el fondo…”. “Diario Palentino, 23 de septiembre de 2012”

Ene 18

Uniformad/Manipulad

Tal vez un poco desapercibida haya pasado para el público general la película titulada La Ola, en la que un profesor experimenta como se puede manipular masas humanas llegando a través de un individualismo colectivo al establecimiento de pautas de orgullo común .

De creernos y querer ser diferentes a los demás vamos formando ideologías distanciadoras de otros grupos humanos que pueden llevarnos a situaciones como los nacionalismos extremos, los separatismos o miserias mentales del mío es mío y de los míos. En vez de sentirnos ciudadanos del mundo y pensar que podemos, si queremos, vivir en cualquier parte y llevarnos bien con cualquier vecino de cualquier latitud, sentimos como una especie de fuerzas mezquinas nos empujan a apasionarnos por defender miserias humanas, materiales o providenciales de menor entidad. Mis cosas, mi ciudad, mi pueblo, mis tierras, hasta incluso el otro día escuché “Mi caja de ahorros” en un acalorado debate sobre la controvertida fusión que solamente esconde intereses personales, localistas y políticos, todos muy lejos del interés general, incluso del que se aferraba a “su Caja” porque tenía su libreta en ella.

Y como de cara la próximo curso pronto comenzarán los debates propios de la enseñanza con el encontrado análisis destructivo-político-coyuntural, y con independencia de que sea una solución estupenda establecer la obligatoriedad de utilizar uniforme en las aulas, para igualar socialmente y evitar estupideces de modas y “marcas” que tanto deforman la personalidad de los adolescentes, no debiéramos olvidar que el acento en la formación de los futuros ciudadanos está en la tierna infancia y que es más importante no ser un ciudadano manipulable y encorsetado que saber muchas matemáticas.

Porque la pregunta del millón sigue siendo la misma irresoluble: ¿Nos da la cultura la libertad? Habría que afinar mucho. La cultura es tan versátil y manejable como el idioma o la imagen. Quién te puede manipular con la palabra también te clavará, llegado el caso, un puñal en la espalda. Lo que debemos aprender y enseñar es a ser libres de pensar, a elegir nuestra forma cultural, a filtrar las informaciones que nos vienen del exterior y que casi siempre son interesadas. Ese es el quid de la cuestión. Eso es lo que los poderes fácticos no quieren tener: ciudadanos librepensadores, porque entonces serán libres de cargas y podrán denunciar los mal utilizados privilegios de la casta poderosa. La tentación  de consumir parcelas de libertad del ciudadano nunca cesa, simplemente adopta diversos formatos. “Diario Palentino, 18 de enero de 2009”