Ene 29

Hasta la cocorota

Que pondría Ibáñez en boca de su personaje Mortadelo.

Hasta la cocorota nos tienen los “presuntos” , léase Otegui, De Juana, o cualquiera de los conocidos y desconocidos de la jarca dilapidadora de bienes públicos utilizando la justicia a través de trampas. Justicia pública, constitucional y gratuita que pagamos todos con el sudor de nuestros impuestos.

Cuando en Sala de justicia la Juez Ángela Murillo, visiblemente hasta las narices de la comedieta proetarra del “presunto” le respondió con aquél “¡por mí, como bebe vino!”, casi seguro que a muchas personas se nos vino a la mente aquél otro irredento “¿Porqué no te callas?”.

En la mente del oyente ambos sonaban ya igualmente a hartazgo, a paciencia desmesurada para tan ínfimos personajes que no merecen ni el respeto corriente de ser escuchados.

Para los puristas de las formas y las composturas estas salidas poco ortodoxas, se supone que, empañan un poco el prestigio de quién las confiere entendiendo qué como magistrada o como persona regia, respectivamente, debieran morderse la lengua y comedir  a sangre y fuero sus “prontos”, que diría mi abuela.

Pero hay quién como persona merece todo el respeto y con carácter general así es para cualquiera ser humano y hay quién pertinazmente va consiguiendo perderlo motu propio. Y desde luego hay quiénes se empeñan en rebajarse a la categoría de “gentecillas” despreciables que hacen burla, uso y abuso de lo que los demás respetamos como lo más sagrado.

Si Otegui se pone en huelga de hambre es una suerte, ojala, por envidia o seguimiento ciego del maestro de los rituales macabros se pusieran todos los proetarras y se dejaran morir ellos solitos en una operación de autolimpieza social, pero Otegui tiene mucha masa mollar física y mental de donde tirar hasta que acabe esas mantecas, beba agua, vino o del mismísimo fayri de fregar. Él si que se ríe de todos nosotros, de nuestros impuestos que mantienen el aparato de justicia democrática que le juzga con esmero y le mantiene. Nos aterran, nos chulean, y además se ríen. «Diario Palentino, 31 de enero de 2010»

Ene 29

Hasta la cocorota

Que pondría Ibáñez en boca de su personaje Mortadelo.

Hasta la cocorota nos tienen los “presuntos” , léase Otegui, De Juana, o cualquiera de los conocidos y desconocidos de la jarca dilapidadora de bienes públicos utilizando la justicia a través de trampas. Justicia pública, constitucional y gratuita que pagamos todos con el sudor de nuestros impuestos.

Cuando en Sala de justicia la Juez Ángela Murillo, visiblemente hasta las narices de la comedieta proetarra del “presunto” le respondió con aquél “¡por mí, como bebe vino!”, casi seguro que a muchas personas se nos vino a la mente aquél otro irredento “¿Porqué no te callas?”.

En la mente del oyente ambos sonaban ya igualmente a hartazgo, a paciencia desmesurada para tan ínfimos personajes que no merecen ni el respeto corriente de ser escuchados.

Para los puristas de las formas y las composturas estas salidas poco ortodoxas, se supone que, empañan un poco el prestigio de quién las confiere entendiendo qué como magistrada o como persona regia, respectivamente, debieran morderse la lengua y comedir  a sangre y fuero sus “prontos”, que diría mi abuela.

Pero hay quién como persona merece todo el respeto y con carácter general así es para cualquiera ser humano y hay quién pertinazmente va consiguiendo perderlo motu propio. Y desde luego hay quiénes se empeñan en rebajarse a la categoría de “gentecillas” despreciables que hacen burla, uso y abuso de lo que los demás respetamos como lo más sagrado.

Si Otegui se pone en huelga de hambre es una suerte, ojala, por envidia o seguimiento ciego del maestro de los rituales macabros se pusieran todos los proetarras y se dejaran morir ellos solitos en una operación de autolimpieza social, pero Otegui tiene mucha masa mollar física y mental de donde tirar hasta que acabe esas mantecas, beba agua, vino o del mismísimo fayri de fregar. Él si que se ríe de todos nosotros, de nuestros impuestos que mantienen el aparato de justicia democrática que le juzga con esmero y le mantiene. Nos aterran, nos chulean, y además se ríen. «Diario Palentino, 31 de enero de 2010»