Jul 16

Hoteles sin niños, aviones sin niños

       Desde hace unos años cada verano se reproduce la polémica sobre la conveniencia de limitar el acceso a familias con niños en algunos espacios vacacionales. Aunque en España está prohibida esta pauta, de hecho muchos establecimientos se anuncian como románticos, respiro para parejas o lugares de silencio, excusas para no hacer reservas a estos huéspedes pero sin herir la sensibilidad ni caer en discriminación.

      A esta práctica se van sumando líneas aéreas, de momento orientales, donde dentro de la nave se crean zonas prohibidos para menores de 12 años, sobre todo en viajes de largo recorrido donde hay pasajeros que van trabajando o durmiendo. Los detractores argumentan que es una medida discriminatoria por razón de edad y esgrimen que peor vas si te cae al lado un viajero maloliente, maleducado, roncador o jugador compulsivo de juegos de móvil con sus machacones ruiditos a todo volumen, y lanzan a los prohibicionistas hoteleros el maleficio de que ojalá les toque en vecindad una pandilla de adultos de 18 a 20 años. En Renfe, los coches de silencio tienen unas normas tan simples como: no hablar por teléfono, dispositivos electrónicos sin sonido, usar auriculares y mantener conversaciones en bajo tono de voz y breves. Llegar a explicar esto por avisos escritos para general conocimiento retrata el nivel de respeto y civismo de una población.

       Todos tenemos derecho a no ser molestados en nuestra tranquilidad, en nuestro espacio de paz, máxime cuando pretendemos alejarnos de la bulla y el nerviosismo cotidiano. Niños descontrolados y padres gritones o pasivos son la ofensiva que se quiere evitar en los lugares de vacaciones. Y en este punto la pregunta es: ¿Educan los padres a sus hijos en el respeto hacia otras personas? ¿Respetan ellos mismos las normas de convivencia social? La mente de los pequeños es materia moldeable, de tal palo tal astilla, luego las prohibiciones están justificadas.

“Diario Palentino, 16 de julio de 2017”

 

Jul 09

Madres de alquiler

        Es la expresión exacta que hay que emplear. Lo de “maternidad subrogada”, “vientres de alquiler”, y no digamos el calificativo de “altruista”, son puras perversiones del lenguaje para crear una dualidad imposible, para deshumanizar y desnaturalizar la gestación y despojar al hijo de la madre que lo llevó en su seno y lo parió, mal que les pese a los compradores de cuerpos de mujeres y por mucho que inscriban en los registros civiles otras filiaciones. El aparato reproductor femenino no es una probeta de laboratorio, el embarazo conlleva una psique emocional, el desarrollo del espíritu maternal, de crianza y el vínculo irrompible con el nuevo ser, además de la inseminación intrusiva de semen desconocido, limitaciones, dolores, incomodidades, puntos quirúrgicos y un parto con el consiguiente riesgo. Todo esto aceptamos nosotras por el beneficio de ser madres de nuestros hijos. La utilización falaz del lenguaje intenta crear un imaginario interesado para esconder que lo que se busca es deshacerse la madre. Las candidatas son las débiles, que aceptarán venderse por presiones familiares interesadas.

            El macho humano encuentra en la ciencia un nuevo camino para demostrar que es machote y de paso enardecerse con otro acto de dominación y colonización del cuerpo de la mujer. Este mercadeo con el cuerpo de las mujeres tiene nombre desde siempre, se llama prostitución. Y hay que ver quien promueve este desatino, padres resentidos de matrimonios frustrados, hombres inseguros y narcisistas, gais que quieren lo que la naturaleza no les ha dado pero sacan su parte macho para perpetuar sus magníficos e inigualables genes. Habiendo tantos huérfanos en desamparo, si de verdad quieren criar un hijo pueden adoptar, así integran su amor en el mundo y resuelven sus ansiedades sin traficar con la vida de las mujeres.  Se debe abogar por declarar la maternidad como un bien inalienable, fuera del comercio de los hombres, como lo es el resto del tráfico de órganos humanos.

“Diario Palentino, 9 de julio de 2017”

Jul 02

Quiero mi casa

            Es la petición habitual en las conversaciones entre jóvenes. No pueden permitirse un alquiler porque sus trabajos están mal pagados y son inseguros. De comprar casa ni hablan. Independizarse en solitario se ha convertido en una idea con la categoría de sueño, como un premio de la lotería, lo habitual es que tengan que compartir vivienda sí o sí, en pareja o con compañeros de piso. Es incomprensible cómo el gobierno no toma medidas ante las cifras del envejecimiento de la población y la falta de relevo generacional, sin nido no hay polluelos y la economía no está para asumir riesgos. En los centros y zonas atractivas de las grandes ciudades el problema es alarmante, para recuperar la vivienda y destinarla al boyante negocio de los alquileres turísticos los propietarios no renuevan el contrato a familias asentadas desde hace años. Hace pocos días el debate se centraba en la propietaria de Barcelona que alquiló, mediante una agencia turística, su propio piso para recuperarlo de un inquilino quién lo realquilaba y quintuplicaba los ingresos en relación con lo que pagaba de renta, si bien es cierto que la tal casera le cobraba novecientos cincuenta euros al mes por treinta metros cuadrados. La misma superficie que ofreció en su día para viviendas juveniles la ministra de vivienda socialista, María Antonia Trujillo, despertando las iras de las Nuevas Generaciones del Partido Popular, ahora tan calladitas a pesar de la precariedad  laboral a que les someten las normas impuestas por sus mayores en el gobierno. En la comunidad de Madrid una nueva regulación espera poner coto a los alquileres turísticos exigiendo que la comunidad de propietarios, por mayoría, otorgue permiso para este tipo de negocios en su inmueble, es un paso, pero añadirá  fricciones en las ya conflictivas relaciones de estas comunidades. Sería precisa una política integral de alquileres adecuada a las necesidades de la población.

“Diario Palentino, 2 de julio de 2017”

Jun 25

Millennials versus “pollaviejennials”

          En esta ocasión el detonante de la guerrilla generacional desatada en las redes sociales entre millennials, nacidos entre los años 80 y 2000, y un representante de los autodenominados héroes de La Transición, ha sido un artículo publicado en El País por Antonio Navalón. Durante varios días se ha desatado en Twitter un divertido rifirrafe dejando al atacante bastante mal herido, sobre todo porque ahora los millennials han descubierto que existe ese señor maldiciente con su pasado nada ejemplar, imputado junto a Mario Conde en el saqueo del Banesto, inversionista offshore con Juan Luis Cebrián y listado en Hacienda como moroso. Todo un ejemplar que osó titular su columna como “Millennials, dueños de la nada”, en la que se cebó con cierta carga de rabia tasándolos de indiferentes, carentes de valores cívicos y responsabilidad, sin más proyecto que “vivir con el simple hecho de existir”, incluso al culparles de la llegada de Trump y hasta de “ser el eslabón perdido de esta crisis mundial generalizada”. Parece que El País y Navalón chochean.

          Nuestros jóvenes millennials están hartos de escuchar vanaglorias y autobombo de los artificieros de aquella legendaria Transición mientras sobreviven con contratos basura, infratrabajos de mierda para su excelente formación, no pueden pagar un alquiler, no cobrarán pensión cuando acabe su vida laboral y viven en la inseguridad de este mundo indolente, cruel, corrupto y contaminado que les hemos dejado los de la generación de Navalón, ahora llamados “pollaviejas” en desagravio a tan injustas acusaciones. La burla y el humor ácido han sido la respuesta más inteligente y coherente a semejantes desvaríos. Un hackeo en su página de la Wikipedia lo definió, hasta que lo quitaron, como: “periodista, empresario y pollavieja español”. Cada uno con sus armas. Ahora la alusión a los pollaviejennials se ha quedado como definitoria de una generación soberbia y desfasada.

 

Jun 18

La revelación Montero y el chabacano Hernando

En plena revisión de cómo fue hace cuarenta años la Transición española hay que destacar lo que significó el diario El País en la formación de la nueva conciencia ciudadana a través de la voz de los más ilustres intelectuales y pensadores del momento. Quién te ha visto y quién te ve. Un catedrático de Derecho Constitucional denuncia la última tropelía contra la libertad de expresión y el pensamiento democrático por parte de este medio. Octavio Salazar vio publicada su colaboración, “Rafael Hernando: el hombre que no deberíamos ser”,  en El País digital y vio también como, a las pocas horas y más de trecientos comentarios, se había eliminado bajo la siguiente excusa: “”Si ese artículo se hubiera revisado antes, no se hubiera publicado”. Reproducido en otros medios digitales más dignos aún se puede leer.

        La cuestión es que la revelación de la joven Irene Montero como oradora magnífica que ha cantado las cuarenta al gobierno del partido más corrupto de la historia, ha hecho pupa a los narcisistas políticos de la derecha española, y también a muchos socialistas que no tuvieron valor para dar al PP su merecimiento en vez de su abstención. Rafael Hernando no necesita mucho estímulo para provocar repulsa ante su soez discurso. Esta vez las vísceras se le salían por la boca, como siempre, por el gesto estreñido, como siempre, pero también por los ojos. Un hombretón como él y los suyos no podían permitir que una joven mujer les mandara heridos a las tablas, y le salió, cómo no, lo que le hervía dentro dando una lección magistral de cómo se comporta un macho en la tribuna. Octavio Salazar resume: “…con su chulería misógina, Rafael Hernando demostró que uno de los ejes esenciales de la subjetividad masculina dominante es el desprecio de las mujeres, la negación de su individualidad y autoridad, así como la necesidad de empequeñecerlas a ellas para que nosotros podamos vernos el doble de nuestro tamaño natural”.

“Diario Palentino, 18/06/2017”