Abr 16

Quedarse callados o gritar

Precisamos una inmensa fuerza individual y social para evitar desgarros irreversibles.

            La reacción de las masas ante las medidas autoritarias de sus gobiernos siempre ha sido un misterio intensamente estudiado por expertos o espontáneos pero sin llegar nunca a una conclusión indiscutible. O paciente silencio o estallido airado.

            Las desigualdades en la Educación y en la Sanidad tiran por tierra las gloriosas conquistas como parte básica de los Derechos Humanos fundamentales indiscutibles y se convierten en el lastre originario de todas las demás desigualdades subsiguientes.

            En el ámbito individual el estrés que crea la inseguridad de tener atendidas las necesidades básicas (alimentación, vivienda, sanidad, educación, trabajo, etc.) es el foco productor de importantes reacciones que condicionan la vida privada, familiar y social de los seres humanos.

            Respuestas desproporcionadamente violentas y agresivas en forma verbal o física, delincuencia de supervivencia (robar para comer), impotencia ante la adversidad y escepticismo para confiar en el futuro, complejos incapacitantes, depresión, falta de motivación y desesperanza generados por la incertidumbre del “mañana” laboral lo que reduce la productividad y la ilusión por el trabajo bien hecho generador de la autosatisfacción personal.

            Estamos inmersos en una etapa de la historia humana que precisa una inmensa fuerza individual y social para evitar desgarros irreversibles. La familia (ahora sí), primera unidad que conocemos al nacer y que nos da los primeros medios de vida y los instrumentos más elementales de lo que seremos en el futuro, está sufriendo los atentados más frontales nunca vistos.

               Esa familia tan cacareada e instrumentalizada con la moralina propia de las derechas más conservadoras y sus pregones religiosos, es ahora la víctima definitiva. Nos están derivando hacia un modelo establecido sobre inconmensurables desigualdades, no solo en el día a día, también incluso en la esperanza de vida. Para largo tiempo esto supone un adiós definitivo a la igualdad de oportunidades.

            No seremos iguales al nacer. Nunca lo fuimos, y menos en una monarquía (hereditaria), pero las diferencias ahora y cada día van siendo mayores. El Estado de Bienestar genera paz social y satisfacción personal, cualquier medida que lo merme es un ataque directo a la igualdad.  Criarse en un medio de ignorancia es una lacra cuasi insuperable que puede generar insalubridad, enfermedades prevenibles, disarmonía, inseguridad, desasosiego, desesperanza de poder desclasarse para llegar donde otros lo hacen, deficiente alimentación, merma en la salud y por tanto en el tiempo de vida saludable en comparación con otros que disponen ab initio de mayores recursos. Las familias con formación planifican la natalidad, organizan su economía, cuidan de la salud y pretenden mejor formación para su prole.

          Una nueva corriente filosófico-social conocida como “Economía del Bien Común” puede que se proponga como una luz (utópica aún) que nos guie hacia un futuro algo más esperanzador. Los que han hablado hasta ahora, ya han dicho todo lo que sabían y han inventado sobre la marcha.

         Hasta la resistencia pacífica va a ser delito en la nuevo Código penal. «Periódico CARRIÓN, 2ª Quincena, abril, 2012» 

Mar 24

“Polis” buenos, “polis” malos

“Una Derecha más involucionista que democrática convierte a los ciudadanos en potenciales delincuentes e incita a temer a las “fuerzas del orden”

¡Vaya papelón, el de ser profesional de la Policía y Cuerpos de Seguridad del Estado en determinadas épocas de la historia!

La cadena de mando funciona, como debe ser, al toque de la disciplina marcial, pero quién da los palos, detiene, vigila, investiga y vela por la seguridad pública en la calle son los “números”, agentes-trabajadores que reciben órdenes indiscutibles en virtud de la obediencia debida. En esto consisten las jerarquías, y para jerarquías las de los cuerpos uniformados.

Durante los últimos cincuenta años ha habido de todo, hemos temido horrorizados las cargas policiales de “los grises” cuando estaba prohibido manifestarse, reunirse en grupos y exhibir pancartas. La, entonces, omnipotente Guardia Civil creaba un círculo de pánico a su alrededor, la visión de un tricornio atraía las leyendas escuchadas en voz baja junto al hogar.

Con la Democracia avanzada pudimos reconocer que aquellos uniformes velaban por nuestra seguridad, que entre sus funciones estaban las de informar, mantener la paz ciudadana y tan solo perseguir a los malvados y malhechores.

Hoy, bajo los ultrapoderes acumulados en una Derecha más involucionista que democrática,  se nos convierte a los ciudadanos en potenciales delincuentes incitándonos a temer a las “fuerzas del orden” como a enemigo aterrador, maltratador de transeúntes y de niños  que se manifiestan pacíficamente reclamando mejoras escolares, no smartphones ni videoconsolas ni caprichos.

Con pasmo escuchamos al Ministro de Interior que modificará el Código Penal para incrementar el número de tipos penales, penas y reducir beneficios penitenciarios para castigar con más dureza la desobediencia o resistencia a los agentes de la autoridad para  “poder operar una mayor disuasión en relación con comportamientos violentos o gravemente desobedientes de los mandatos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”, ha dicho el ministro.

También se agravarán las penas para algunas formas de robos, hurtos menores y el uso de pistolas de juguete a tal fin.

Se olvida su señoría de agravar los delitos de los “ladrones de guante blanco”, la corrupción en todas sus escalas, los atracos a ciudadanos y usuarios por parte de entidades bancarias, teleoperadoras y empresas suministradoras, la apropiación indebida del dinero de todos atracado impunemente por los consejeros-familiares de empresas públicas.

Las descargas de nuevo sobre los ciudadanos, por si acaso. El odio y el aislamiento social de nuevo para los trabajadores de la seguridad ciudadana y sus familias. ¡Vaya papelón!

Diario Palentino, 25/03/2012

Mar 08

Cada año por estas fechas… ( 8 de marzo)

*MANIFIESTO: MAREA VIOLETA CONTRA LA OFENSIVA PATRIARCAL DE LOS GOBIERNOS CONSERVADORES

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Otro nuevo Día Internacional de las Mujeres y caminata marcha atrás.

         Como dijera aquél ilustre historiador palentino de proyección mundial, D. Ramón Carande, nuestra Historia está repleta de avances y retrocesos. Desde la Constitución de 1978 hasta ahora, cada año por estas fechas, y en mayor o menor medida, hemos resaltado pequeñas conquistas en igualdad a la espera del día en que se pudiera suprimir esta conmemoración por innecesaria.

            Pero, este 8 de Marzo de 2012 solo podemos hablar de retrocesos, no de avances. La llegada al poder de una mayoría absoluta de marcada propensión revisionista e impregnada de un rancio catolicismo que huele a valorar la riqueza y los privilegios por encima de la justicia y la dignidad humanas, ha comenzado su andadura anunciando su intención “redentora” para nuestras almas, prometiéndonos recortes en la libertad personal sobre nuestros cuerpos. Ninguna novedad en su tendencia per secula seculorum.

            Confieso públicamente que mantuve una fe, ciertamente ingenua, en que llegando las mujeres a los ámbitos de poder tomar decisiones que nos atañen a tod@s, nuestra situación mejoraría considerablemente. Pero… dolidas, experimentamos que quienes llegan al poder alimentan muy pronto su ambición, olvidan a sus congéneres y haciendo campo quemado a su alrededor se muestran sumamente obedientes con los amos que las han alzado, los hombres de su partido.

            Ahora nos tocan las conservadoras, las de “que se queme la casa pero no se vea el humo”, las de “la  mano izquierda no tiene por qué saber lo que hace la derecha” (a rajatabla), las que con su dinero arreglan sus desafueros pero van con la cabeza alta a la misa dominical,  las que soportan todo estoicamente por el “que dirán”, las que aparentan “ser”, las “Señoras o Viudas de…”, las que prefieren no conocer lo que no debieran soportar.

            El día 8 de marzo de este año 2012, no tenemos nada que celebrar. La escasez y las mermas se ceban sobre todo en las mujeres. Nuestra historia está así trazada, la Dictadura nos robó lo conseguido en la República y nos devolvió a bordar manteles para los altares. La derecha “embargada” que nos gobierna ahora, envía a las generaciones presentes y futuras a buscar el pan fuera o las condena a la ignorancia, que es mucho más práctico, así no habrá protestas. «Diario Palentino, 8 de marzo de 2012»