Abr 26

Érase una vez…un coronavirus

       

     Tiempos diferentes para hacer cosas distintas. En esta ocasión, mis querid@s lector@s, os voy a contar un cuento de temporada que se titula:

 

Informativos coronavirus

-¡Carlooos, llaman a la puerta… otra vez! -gritó Sonia desde la cocina.

-Pues, abre.

-No pienso abrir, abre tú, es para ti.

-¿Me estás oyendo? Te digo que abras la puerta y dejes de molestar. -Voceó Carlos, sentado en el sofá del salón. Sin más pausa apuntó el mando al televisor y aumentó el volumen.

     Los gritos de ella y los timbrazos en la puerta de la calle insistían diluidos en la voz radiofónica del locutor que daba las noticias.

            Sonia se presentó en el salón con los brazos en jarras

-¡Es que no oyes lo que estoy diciendo, nos van a echar de la comunidad!

           Carlos giró la cabeza

-Pues, que les den. La miró con hastío, dio una calada lenta al cigarrillo y volvió la vista al canal 24 horas. En pantalla, dos ministras daban una rueda de prensa con el número de contagiados por Covid-19.

-Nos darán a nosotros. Una buena multa si llaman a la policía, le respondió, y con un gesto de fastidio, entornó los ojos, apretó la mandíbula y se dio media vuelta. El timbre tronaba cada vez más seguido, más intenso, un tormento.

            Mientras recorría el pasillo hacia la puerta bufaba y rezongaba

-Y a ver con qué pagamos si hace dos años que estás en paro, me mato a trabajar, pago la hipoteca, tu bebida, tu tabaco… A penas resonaron en el aire estas palabras, Carlos se levantó iracundo del sofá, estrelló el bote de cerveza contra la pantalla, se precipitó por el pasillo, tropezó con Sonia y de un empellón la empujó contra la pared. Voy a matar a ese hijo de puta, agarró el picaporte y abrió con violencia. Allí, un niño de unos siete años al verle con los ojos ensangrentados de rabia musitó

-Dice mi papá que si puedes poner la tele más bajo.

 

Diario Palentino, 26 de abril de 2020

Feb 09

¿Cuál será tu legado?

            Mi hijo Rubén me ha recomendado un libro, “El sutil arte de que te importe un carajo”, que circula entre los milenials y lo escribe Mark Manson, un bloguero con millones de seguidores. En este pequeño manual de antiayuda, como él lo define, el autor nos plantea con sentido del humor, el tiempo que malgastamos en preocuparnos por cosas sin importancia porque no hemos sido capaces de estructurar lo que realmente es valioso para encontrarnos bien en la vida. Con cuatro pinceladas nos hace reflexionar: debes elegir tu propia lucha, no eres extraordinario, la sociedad no te debe nada, fuera victimismo, solo tú eres responsable de tus decisiones; cuidado con lo que crees, eres el arquitecto de tu destino al escoger tus valores; la felicidad se consigue al resolver problemas, pero el fracaso y el dolor forman parte de la existencia y cuando resuelves un problema se te crea una nueva situación, valóralo; el más es más del consumo nos consume la existencia. Me voy a detener en el contenido del último capítulo, la muerte, supongo que el que menos preocupa a los milenials pero más a los que avanzamos en edad, sobre todo cuando personas queridas del entorno van cayendo. Una habilidad humana, que los animales no tienen, es imaginar cosas que no han pasado y recordar lo que hemos vivido. Por otro lado, nos vemos como dos yo, uno es nuestro cuerpo físico y otro la propia identidad, como nos percibimos. Entonces, queremos imaginar que cuando muera el físico, el otro yo siga vivo de alguna manera. Nos aterra desaparecer del todo y hacemos “proyectos de inmortalidad” para pervivir después, ya sea dejando una familia numerosa, o una popularidad, un prestigio, una colección de sellos, un descubrimiento valioso, ser el abuelo que contaba historias, o lo más burdo: una fortuna lograda a base de privaciones propias o expolios ajenos. ¿Has decidido cuál será el valor de tu legado?

Diario Palentino, 9 de febrero de 2020.

Ene 26

Yo también lo grabo

            En algunos móviles aparece en pantalla una grabadora cuando entra una llamada. En su defecto, en todos se puede instalar una aplicación grabadora. Lo digo porque estamos hartos de que cuando contactas con las distribuidoras te ponen: “Por su seguridad esta conversación puede ser grabada”. Pues, sí, por mi seguridad yo también lo grabo. Pero como el diablo tiene mil recursos, la gran empresa que te suministra nunca pierde. Mi caso. Cuando llegó el recibo de gas del verano me pareció algo elevado por no haber hecho uso durante un mes completo, voy a mi espacio de clientes en internet y veo que desde enero me cobran un Seguro Eléctrico de Hogar que nunca contraté. Llamo, reclamo que den de baja ese invento y me devuelvan diez cuotas. Al cabo de dos meses me dicen que no me devuelven nada porque yo lo contraté. Exijo que me muestren la grabación que hicieron por mi seguridad, pasan otros dos meses y me responden que puedo ir a un establecimiento a escuchar la grabación en la que pido la baja del Contrato de Mantenimiento del Gas, algo que nadie había mencionado, y que, además, me cargarán todas las cuotas que me quedan hasta completar el año. Por supuesto la grabación no existe. Vuelvo a reclamar y espero. De momento me han sustraído diez cuotas de un seguro eléctrico inventado y seis de lo que me queda de un mantenimiento de gas que nunca di de baja. Así, delincuentes, organizados y consentidos, nos sustraen el dinero del banco. Ah, y como si te descuidas dejan de enviarte facturas en papel es más fácil que no te enteres. Ni pensar quiero los atracos que estarán sufriendo nuestros mayores en su cuentas.  Es voluntad del Parlamento tipificarlo en el Código Penal como hurto con responsabilidades personales de quien lo ordene, lo ejecute y lo permita. Pero las puertas giratorias son muy sustanciosas para los partidos.

Diario Palentino, 26 de enero de 2020.

Ene 12

Qué pasa con la mente humana

         Entre finales del siglo XX y comienzos del actual se han conseguido los mayores descubrimientos científicos sobre el funcionamiento del cerebro: estructuras neuronales desconocidas, localización del lenguaje, capacidad de regeneración antes negada, como los avances en el conocimiento de enfermedades mentales y degenerativas; léase cáncer o alzhéimer, entre otras. Y , ya de paso, la aplicación de todo esto a la robótica, se supone que para mejorar la vida sobre la tierra. Hemos conseguido fabricar robot dotados de tacto o capaces de dar respuestas inteligentes a problemas complejos. Sin embargo, la mente humana, la natural, la de nacimiento parece dislocada. El mundo se está poblando de dirigentes que hacen cosas propias de especímenes trastornados. Lo peor es que los elegimos en las urnas y luego nos vamos haciendo a sus locuras, esas que ocupan grandes titulares de prensa. Nos alarmamos, pero enseguida olvidamos que un loco caprichoso lanzó un pepino y desató otra guerra en un territorio incendiado por la ira y la destrucción tras décadas de sufrimiento. Si vamos a matarlos con drones, vendrán y nos pondrán bombas en torres o en trenes, ya lo han dicho. En las antípodas, arde un continente entero, miles de millones de hectáreas, de animales, nubes de gases intoxicantes que se esparcen por la atmósfera que respiramos. Lo curioso es que esos mismos gobernantes que dejan quemar o esquilmar su naturaleza insisten en seguir defendiendo el carbón, o las talas salvajes de sus propias selvas, y van a sufrir en sus pulmones, en sus familias, en su economía, los efectos de tanto desmán incongruente. Trump, Bolsonaro, Morrison… no hay otro planeta para exiliarse. «Los hombres no son prisioneros del destino, sino de su propia mente» Franklin D. Roosevelt.

Diario Palentino, 12 de enero de 2020.

Ene 05

Más que propósitos

       Cada cambio de año nos hacemos nuevos y concienzudos propósitos, y, además, con ilusión porque no nos conocemos. Algunas intenciones nos duran un mes o dos, otras solo mientras las pronunciamos, pero se suelen quedar en el nivel superficial del tipo dietas o matrículas en los gimnasios. Los verdaderos cambios no se obtienen a corto plazo, requieren modificar la mentalidad y sobre todo saber de lo que somos capaces de hacer con nuestra forma de ser o de pensar, qué ideas preconcebidas o qué bloqueos nos impiden progresar. Esto requiere un trabajo profundo que hay que acometer con decisión y fortaleza. El autoconocimiento nos da el grado de madurez humana. Saber de nuestros defectos y potenciales para responsabilizarnos de lo que es nuestra vida, la que nos hemos creado. “Conócete a ti mismo”, memorable frase repetida, estudiada y coreada inconmensurables veces. Lo ponía en la entrada del Oráculo de Apolo en Delfos, a donde acudían los ciudadanos para preguntar y pedir a los dioses. El oráculo aconsejaba: primero pregúntate a ti mismo. Es fácil decirlo pero cómo lo hacemos sin engañarnos. Todos los libros denominados de autoayuda, que vuelven a proliferar entre los más vendidos, la meditación, que nos enseña a contactar con el cuerpo y darnos cuenta del ritmo de la respiración, persiguen este propósito. Se ve que la humanidad está en un momento en que la hace falta tomar tierra. Vivir en la mente de forma constante nos trastorna, nos hace creer que el pasado que hemos vivido es como lo pensamos, como nos lo hemos contado. También inventamos el miedo a un futuro que nos imaginamos, que no ha sucedido y puede que no suceda pero ya lo sufrimos por anticipado. Para este comienzo de año, mira donde estabas hace diez años y escribe donde estarás dentro de diez si no cambias nada. El mismo camino siempre lleva al mismo lugar.

Diario Palentino, 5 de enero de 2020.