Ni loco ni monstruo

            Tomás Gimeno es pura y simplemente un delincuente psicópata que disfruta haciendo daño. Hay quien aún está buscando posibles causas precedentes en la vida anterior de su matrimonio con la madre de las niñas, sus propias hijas asesinadas. O lo que es lo mismo, hay quien aún pretende buscar una justificación a tan atroz venganza y de paso deja revictimizada a una de las víctimas. Solo les falta decir: ¡Qué le habrá hecho para que responda así! Ese sigue siendo el punto de vista machuno. Hemos aprendido lo que significa violencia vicaria, la más cruel e indescriptible violencia machista contra las mujeres, golpearlas donde más les duele, la prole. Desde 2013 cuarenta niños y niñas han sido asesinados por sus padres para hacer daño a sus madres.

              El repugnante padre de Anna y Olivia preparó con todo detalle la forma de asesinarlas, incluso disfrutaría imaginando el dolor insoportable que condenaría de por vida al manicomio a la madre de las pequeñas. ¿Qué mente puede hacer tan meticulosos preparativos para quitar la vida a sus amorosas niñas? La de un psicópata narcisista que no puede soportar que le lleven la contraria y que una mujer se rebele, le abandone y contraríe su capricho. ¡Aquí mando yo! Es el mensaje transmitido. Yo te puedo ser infiel, y te aguantas, tú no tienes derecho a ser feliz ni a rehacer tu vida sin mí (tú y tus hijas sois de mi propiedad, como la casa, como los muebles, como mi barco). Es la cúspide del machismo en grado extremo. Matar a sus preciosas hijas y condenar a la más horrible de las peores muertes en vida a la mujer que le amó, la que compartió con él sus ilusiones y esperanzas, cada día, durante años. La que siguió creyendo en él desde el primer minuto de su desaparición, y en que era un buen padre que las estaba cuidando bien. Es el machismo, amigos. Empiecen a estudiar por ahí.

Diario Palentino, 13 de junio de 2021.

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