El poder de las palabras

         La comunicación verbal, sea oral o escrita, ha pasado a ser la forma prioritaria y casi única en la especie humana. Vemos, pero no observamos a nuestro interlocutor, no nos detenemos en sus ojos ni en sus gestos y percibimos el mensaje sin atender a las sensaciones buenas, malas o inquietantes que producen en nuestro cuerpo, al que hemos dejado de escuchar hasta que nos grita pidiendo socorro con alguna enfermedad. Utilizando palabras tanto se arengan ejércitos y se alienta el odio como se acuna el alma con la poesía o la voz suave de la madre calmando a su bebé. Por eso es muy importante valorar bien el significado que se les atribuye. Se lamenta, porque ya toca, el director de la RAE de que en ella solo hay 8 mujeres de 46 académicos y augura una evolución hacia la igualdad. Más vale tarde que nunca. Los baluartes de un machismo casposo en la institución, Javier Marías y Arturo Pérez Reverte, estarán que echan las muelas. Las voces feministas están encarrilando muchos discursos plagados de ácaros. En pasos recientes, como eliminar las connotaciones peyorativas de “mujer fácil” o “sexo débil”, se suma la propuesta de incluir en el diccionario el vocablo “machirulo”, empleado con tono irónico para denotar la prepotencia con la que un hombre se dirige a una mujer haciendo alarde de superioridad o apuntando a algún rasgo físico o de personalidad que no resaltaría en otro hombre. El patriarcado defiende sus privilegios por todos los medios disponibles consciente de que el lenguaje trasmite saberes, pero también construye y destruye barreras, autoestimas, prestigios, fortalezas, verdades y mentiras. Todos somos usuarios, víctimas o verdugos, de esta potente arma de comunicación humana.

“Diario Palentino, 01/07/2018”

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