Supongamos que… (la condena a La Manada)

        Supongamos que la Audiencia Provincial de Navarra tiene claro que los miembros de La Manada merecen una condena ajustada a los graves delitos de los que se les acusa, y que el castigo sirva de aviso a navegantes de que esas aberrantes agresiones pagan su precio a cuenta de la libertad. Supongamos que los tres magistrados quieren que el proceso se cumpla con garantías para que los abogados defensores de los presuntos violadores no puedan alegar indefensión o encontrar argumentos con los que ganar un recurso en el Tribunal Supremo después de la dura sentencia que caerá a sus clientes. Solo de esta manera se pueden explicar determinadas concesiones que han enfurecido a las personas con sentimientos humanos. Tal es el caso de la admisión a prueba de un vídeo espía sobre la vida de la víctima hasta en la propia piscina de su casa o comiendo con su familia, una agresión a la intimidad en toda regla para justificar que no se pasa la vida llorando, arruinada y deprimida. Quien haya encomendado este seguimiento y quien lo utilice en su defensa intentando mancillar a la víctima es cruel e ignorante, porque nadie con un mínimo de decencia es capaz de intentar hundir más a quién ya han destrozado la vida. Si no es con este propósito tampoco se explicaría la negativa de la sala a admitir las conversaciones de wasap de La Manada en las que hablan de drogas y preparativos para las violaciones grupales. Eso unido a los deplorables programas de vomitivo regodeo que emiten algunas cadenas*, todos sabemos cuáles, nos dejan una imagen muy amarga de este país. El fiscal pide para cada “presunto” 22 años de prisión, siendo 18 por delito continuado de agresión sexual; 2 años y 10 meses por delito contra la intimidad al difundir los vídeos de la violación grupal, y 2 años por delito de robo con intimidación. Quienes somos gente de bien esperamos que la sentencia no se mueva ni un ápice de la petición del defensor público de la legalidad.

  • En la de los obispos, TV13, el tratamiento fué vergonzoso, hiriente, insultante y obsceno. Tendrían que arrodillarse y pedir perdón a la víctima y a todas las mujeres.

“Diario Palentino, 19/11/2017”

 

 

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