Cintura política

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“¿Alguien puede darme el perímetro óptimo de la cintura política?”


Llevo años queriendo delimitar en mi mente un concepto válido de esta expresión tan socorrida por políticos y periodistas. No he encontrado una definición en los recursos tradicionales ni tampoco en la famosa Wikipedia y afines que tan al día están de las locuciones al uso.

Que se aplica a la clase política es lo común. Pero la disyuntiva para entenderlo se plantea porque suele adquirir tintes de calificativo lisonjero, y se oye aquello de:”Demostró tener cintura política” cuando soportó estoicamente y con cara de palo una situación complicada, o bien lo que demostró fue carecer de ella y eso ocurrió cuando se levantó airadamente de la mesa de negociaciones posicionándose abiertamente en la confrontación.

Los individuos de la clase política actual se jactan de tener cintura política y lo consideran una virtud habilitante para el cargo que ostentan u otros que pudieran caer, y que suelen confundir con abrirse la camisa y ofrecer el pecho desnudo a los dardos caprichosos, procedan del interior de su propio partido o de las necesidades de su trabajo. Desde un punto de vista objetivado y positivo, tener cintura política significaría poseer una cualidad nada desdeñable, deseable incluso, que puede equivaler a tener paciencia, saber negociar, demostrar capacidad para hacer frente a situaciones difíciles, resolver conflictos. Puede que signifique eso y sea bueno estar representados por políticos con generosa cintura política.

Ahora bien, las cinturas se valoran según su perímetro, y ahí es donde comienza la dificultad. No gozan del mismo aprecio la cintura de la Betty Bo que la de La Ramona de la canción. ¿Alguien puede darme el perímetro óptimo de la cintura política?

Tal vez la cintura adecuada sea la necesaria y proporcionada a la circunstancia, la que tiene como eje la mesura y el tacto en el desempeño de la función asignada, pero sin perder de vista la dignidad personal y del oficio, por el bien de todos. Sin embargo se vislumbra una doble lectura, o tal vez una desviación de lo óptimo, cuando la equivalencia a soportar, aguantar y terciar da una imagen recurrente de indignidad, de tragadera sistemática, de atragantarse con salivajos tolerando más allá de la decencia, ocurre cuando en el cajón de la cintura política se mete todo lo que viene a la mano sin purga previa, sin elección, cuando el cinturón que rodea la cintura del político lo convierte en espantajo de sí mismo.

Y si bien es cierto que no hay atajo sin trabajo, que la vida nos hace pasar por montes y morenas y más para quien no puede dar portazo porque solo dispone de sí mismo para allegar las habichuelas, solo la barrera de la decencia impide caer en la tentadora prostitución, figurada, que proporciona prebendas y presuntamente eleva escalas en el rango meritorio a base de sumisión, una especie de juego del “Sado” en el que acaba estableciéndose una relación de dominación escalonada.

Competición que se establece a veces en términos de debate público para demostrar quién tiene más cintura política. Se utiliza también para el cruce de acusaciones argumentando que no se llega a un acuerdo porque el otro no tiene cintura política, lo suele decir quien tiene más cintura o más espalda para asumir los latigazos internos y está dispuesto a ponerse a los pies de los caballos cuando se lo manda el jefe pero luego no tolera una brizna en la mesa negociadora del adversario. También puede ser sinónimo de tener cuajo o transigir en el campo político, como en costura, hay quién tiene la cintura alta corte princesa y quién la lleva baja corte Charlestón o incluso quien se viste con un “tonto”, prenda de vestir amplia y holgada que no marca cintura.

Crisis económica, crisis social, crisis en el seno de los partidos y en las relaciones entre los partidos, crisis de fe en la visión que los administrados tenemos de nuestros gobernantes. Mientras unos se espían e insultan mutuamente otros hablan por un lado y se desdicen por otro o ambos, todos, vociferan consignas teóricas que se comen con los hechos, o se siegan la hierba debajo de los pies incurriendo en prácticas políticas asombrosamente incomprensibles y de cartel.

Demasiado ruido, demasiado desconcierto, la crisis tensiona y enrarece aún más el zozobrante ambiente, y de fondo suena un dialogo bullicioso de besugos en altavoz al que los ciudadanos asistimos atónitos y desconcertados mientras ponemos velas en las que concentrar nuestras energías para que no nos falte el trabajo y con él el pan nuestro de cada día. A la vista de lo que son capaces los hombres que gobiernan nuestros destinos no nos queda otra que confiar en la buena estrella que un día cruzará nuestro cielo. No dan para más. «Diario Palentino, 8 de febrero de 2009»

3 thoughts on “Cintura política

  1. HOLA ALICIA, ME ENCANTÓ TU ARTÍCULO. JUSTO BUSCABA ALGO POR EL ESTILO. SÍ QUE ES DIFÍCIL MANTENERSE TANTO EN POLÍTICA COMO EN LA VIDA EN LA DELGADA DIFERENCIA QUE EXISTE ENTRE LA DIGNIDAD, LA TOLERANCIA, LA INTELIGENCIA, Y LO INDIGNO, EL SOMETIMIENTO Y LA INGENUIDAD EN EL MEDIO DE LOS DOS ASPECTOS. BUSQUÉ ALGO ACERCA DE TU PERSONA, PERO NO PUEDE SABER QUIÉN SOS. PERO DE TODOS MODOS ME ENCANTAN LOS TEMAS DE ESTE BLOG. MIS SALUDOS CORDIALES. SILVIA.
    MI BLOG: http://WWW.SILVIAZAFFIRIO.BLOGSPOT.COM

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